domingo, 9 de noviembre de 2025

El raje

Sostengo -y en serio- que el raje nos es necesario. ¿Por qué? Porque nos permite expresar lo que las convenciones sociales normalmente no nos permiten. Por ejemplo, las convenciones sociales no permiten la absoluta franqueza en el trato con los demás, pues ello traería consigo mil y uno problemas y dificultades. Cuentan los biógrafos de Émile Zola que el haber sido este gran novelista tan franco y directo en sus relaciones con los demás, le ocasionó muchos contratiempos. Cuando le presentaban a alguien y él advertía que se trataba de un estúpido, interrumpía inmediatamente el diálogo y le decía a su interlocutor: "Señor, no puedo seguir hablando con usted, porque usted es un estúpido". Nosotros, en la vida diaria, no podemos tener esa franqueza, porque estaríamos peleando todo el día. Pero en el raje nos desquitamos y decimos: "Ah, ¿fulanito? Bueno, ése es un estúpido".

El raje es pues útil. Es un desahogo ante las restricciones e imposiciones de la vida social. Véase a continuación cómo se desahogó cierta vez -rajando- don Julio Caro Baroja (1914-1995), célebre historiador y etnólogo español. La víctima fue el muy mentado escritor madrileño Francisco Umbral. Le preguntaron a Caro Baroja en una entrevista por qué no escribía con más frecuencia en el diario El País. Y entonces dijo:

"- Es que me repugna escribir en un sitio donde escribe Francisco Umbral.

- ¿No le agrada el señor Umbral?

- No es que me agrade o que no me agrade, es que me parece idiota. Creo que es una impostura al compararle con Larra, es una solemne bobada. Y no es que a mí, precisamente, me fascine Larra; pero reconozco que fue un escritor importante, con una calidad y con un estilo que Umbral no tiene".

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