Cada persona es el resultado de una enorme red de individuos, y al final todos estamos conectados. Si se observa el árbol genealógico de forma teórica, el número de antepasados crece de manera exponencial.
En solo diez generaciones serían necesarios 1 024 antepasados únicos para llegar a una persona actual. Este modelo permite visualizar cómo una familia se ramifica con el paso del tiempo. Sin embargo, este cálculo supone que no existen cruces entre las distintas ramas familiares.
A lo largo de la historia, las poblaciones fueron relativamente pequeñas y las uniones entre parientes lejanos fueron comunes. Este fenómeno, conocido como colapso de pedigrí, hace que el número real de antepasados distintos sea menor, ya que una misma persona puede aparecer repetida en diferentes ramas del árbol.
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