Noche de orquesta!
Noche anterior sudorosa!, mal sueño...
Atento: Pronto tendré gatitos nuevos...
Necesito un ampli!, mi orgullo es superior!
TE AMO!
Ladrado por Mikito™ en 7/08/2009 04:11:00 PM 0 comentarios
Debo tomar el odio como a un rival
debe temblar mi rostro hasta gritar, como huracán...
Debo silvar y creer que ahuyenta el mal y no confesar
que siempre el viento vuelve, mi rostro, pasos, mis pasos...
Remojar mi alma con la dulzura de tus labios, perpretar en lo más íntimo y acojedor, juguetear con mi boca y tus manos, gritar sin hablar, y hablar, por más difícil que sea, con una sola mirada...
Debo tomar los hechos con ambas manos
que siempre el viento vuelve, mi rostro, pasos...
Porque tú me embriagas, sólo tú, porque sólo tú me elevas al cielo, porque sólo tú y tu amor están en mi cabeza todo el día---
El aire de tu voz soy yo
no puedes desafiar, ya has sido dos...
Debes sangrar y ver el fin...
todo vuelve a empezar... Juntos.
Ladrado por Mikito™ en 7/07/2009 11:54:00 AM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 7/05/2009 08:55:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 7/04/2009 03:30:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 7/02/2009 09:22:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 7/02/2009 09:06:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/30/2009 12:56:00 PM 1 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/29/2009 08:38:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/28/2009 11:58:00 AM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/26/2009 01:44:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/25/2009 09:17:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/24/2009 11:50:00 AM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/23/2009 02:38:00 PM 1 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/22/2009 12:04:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/19/2009 10:34:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/18/2009 09:22:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/17/2009 02:01:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/16/2009 08:57:00 PM 1 comentarios
Por otro lado, cuando eres tú el que propone distanciarse, te vas a la cama con la negra sensación de haberle hecho pedazos el corazón a otra persona, y eso puede ser peor. No más triste, pero sí más agotador. Si llorar porque te dejan desgasta, ver que alguien llora por una decisión tuya desgasta el doble: la pena y el remordimiento son demasiado pesados, y por lo general la gente no tiene el temperamento suficiente como para ponérselos al hombro.
Cuando ven sufrir al novio o la novia, muchos flaquean y –en el colmo de la cobardía– prefieren oxigenar artificialmente una relación agonizante cuyo final es irreversible. Es como querer resucitar a un muerto. Es un esfuerzo inútil, que se realiza por compasión, por culpa, por no querer asumir el contrasuelazo de una dura realidad: hay veces en que tu felicidad y libertad emocionales dependen –muy lamentablemente– de un dolor ajeno. O eres tú o es el otro. Suena pésimo, ¿pero acaso no es así?
Hay un tercer caso: tal vez el más común (y el más patético). Se produce cuando tú quieres dar por terminado el vínculo, quieres romper, pero no te animas a plantearlo. Algún trauma enquistado en tu biografía te impide tomar al toro por los cuernos. Te da remordimiento. Pasan los días y no ‘encuentras’ (no quieres encontrar) el momento de iniciar la conversación definitiva. Entonces optas, quizá inconscientemente, por la salida más retorcida: inducir a tu pareja –a punta de señales necias y gestos ruines– a que sea ella (o él) quien ponga los puntos sobre las íes y acelere ese trámite que tú –cabrazo– no te atreves a finiquitar. En buen español: paseas y aburres a tu novia(o) con la ramplona finalidad de que sea ella (él) quien te expectore.
Sea de la manera que sea, toda separación supone un desapego que puede ser traumático. Y es que cuando encuentras a un ser humano que te gusta, te eriza, te entretiene, te cuida, te complementa, te inspira, desarrollas de modo irracional un indómito sentido de la pertenencia. Y para que eso ocurra no tienen que transcurrir años de años: bastan unos cuantos meses para que ese sentimiento nazca, se reproduzca, crezca y se expanda.
Sientes que la pareja es tuya, como tuyos son tus brazos, tuyo tu auto, tuya tu mascota, tuya tu alma, tuya tu almohada, tuyo tu riñón. Tanto te convences de esa posesión que también cedes tu individualidad para congraciarte y ser propiedad sentimental de tu novia(o).
Sin darse cuenta, los enamorados convierten el amor en un zapato ortopédico, una prótesis sin la cual no pueden caminar (o por lo menos eso les gusta creer). Por eso para los chicos enamorados separarse duele lo mismo que una amputación: sienten que les están arrancando una vértebra, que le están extirpando las tripas, cuando simplemente están regresando a su estado original: la soledad.
Quizá es de toda esa confusión de donde nace el impulso que lleva a la gente a ponderar categorías tan discutibles y volátiles como “LA mujer de MI Vida” o “EL hombre de MI vida”. Joder. Qué estupidez. No sé ustedes, pero a estas alturas yo ya me convencí de que la única persona de MI vida soy yo mismo. Contra lo que podría parecer, esa no es la conclusión de un treintañero amargado, sino la filosofía práctica de quien prefiere que su estabilidad anímica dependa lo menos posible de terceros.
Aún así soy consciente de que separarse es doloroso. Básicamente porque implica empezar desde cero, y porque te sientes obligado a aceptar que eres totalmente prescindible para alguien que aún es necesario para ti.
En los últimos días he vivido algo de todo esto. Una chica a la que quiero mucho (digamos que se llama CT) me pidió no vernos más. Algo que hice o dije o escribí (o las tres cosas juntas) la había decepcionado.
Era tal su abatimiento que verme y saber de mí le resultaba más triste y dañino que no verme. Mientras conversábamos en un café (las relaciones humanas suelen acabar en un café), cobijé una certeza horrible: el único remedio para su consternación era mi invisibilidad. Entendí que, para que ella se salvara, yo tenía que mimetizarme con el aire y desintegrarme. Para que ella estuviera bien, para que retomara la conducción de su vida, era imprescindible que yo desapareciera, que me tragara la tierra por un buen tiempo.
Me odié cuando vi en sus ojos el pedido de un adiós involuntario, pero urgente. Me odié, entre otras cosas, porque alguna vez yo estuve en su lugar y le disparé esa misma mirada tirante –mitad desprecio, mitad amor– a una chica que me había desollado el corazón. Me odié por parecerme tanto a ese tipo de persona destemplada e insensible que siempre aborrecí, y en la que juré nunca convertirme.
La vida te da lecciones duras. Cuando produces en otro el avinagrado efecto que antes alguien produjo en ti prolongas una odiosa cadena que tiene infinitos eslabones. Ahora sé que solamente cuando CT le destruya el corazón a un tercero, recién ahí, mi culpa interna se aliviará un poco. Y tal vez solo desaparezca del todo el día remoto en que ese tercero haga añicos los sueños amorosos de otra mujer.
El dolor –como el calor de una antorcha que se pasa de mano en mano– se logra alejar de ti, pero con una martirizante lentitud. No desaparece de golpe, se esfuma.
También por estos días me he cruzado con una ex novia. La vi una noche, en un local público. Nos saludamos con normalidad y sostuvimos una charla amable: falsete, pero amable. Sin embargo, cuando regresaba a mi casa en el auto, manejando a lo largo de avenidas vacías, no podía dejar de recordar el día en que nos separamos, hace más de una década atrás.
Ladrado por Mikito™ en 6/15/2009 12:24:00 PM 0 comentarios
Ladrado por Mikito™ en 6/14/2009 01:48:00 PM 1 comentarios