Ves a tu padre envejecer y perder la visión...
Y entonces escribes este poema:
Llorando los hombres buenos, al llegar la última ola
por el brillo con que sus frágiles obras pudieron haber
danzado en una verde había,
se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.
Y los locos, que al sol cogieron al vuelo en sus cantares,
y advierten, demasiado tarde, la ofensa que le hacían.
no entran dócilmente en esa buena noche.
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