miércoles, 22 de octubre de 2025

Sebastian Castellio y las raíces profundas de la tolerancia

En el siglo XVI, Europa vivía tiempos de conflictos religiosos intensos. Las diferencias de creencias no solo generaban debates, sino también persecuciones, cárceles y ejecuciones. En ese contexto apareció Sebastian Castellio, un pensador que se atrevió a sostener una idea que hoy parece obvia, pero que entonces era revolucionaria: nadie debería ser castigado o asesinado por pensar distinto.

Castellio observó algo fundamental: lo que una persona considera herejía, otra puede considerarlo verdad. Si esto es así, ¿cómo puede alguien arrogarse el derecho de matar en nombre de una doctrina? Su postura se volvió especialmente firme tras la ejecución de Michael Servetus en Ginebra, un hecho apoyado por líderes religiosos influyentes de la época. Castellio reaccionó con una frase que sigue siendo poderosa hoy: “Matar a un hombre no es defender una idea, es simplemente matar a un hombre”.

Más allá de la religión, Castellio defendía la libertad de conciencia, el uso de la razón y la importancia de la moral por encima del dogma. Creía que las ideas debían discutirse con argumentos, no imponerse mediante la violencia o el poder del Estado. Aunque fue marginado y poco reconocido en vida, su pensamiento anticipó valores centrales del mundo moderno, como la tolerancia, el respeto a la diversidad y la convivencia pacífica.

Su historia nos recuerda que el progreso no siempre nace de mayor fuerza o autoridad, sino de la valentía de quienes se animan a pensar diferente y a defender la dignidad humana, incluso cuando hacerlo tiene un costo personal.

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